La cena de los sentidos, búsqueda…

Estudiando el terreno, observamos unas situaciones que se daban a lo largo de la semana, y que eran muy variadas, durante las horas de la comida o la cena. Estas situaciones van desde, comer solo, comer dos personas, tres, cuatro (como miembros tiene el piso), hasta comer solo y considerar, que se come solo, no fisicamente, sino como alejado de la vida y las actividades con el resto de compañeros porqué estos se encuentren realizando otras acciones completamente diferentes a “comer”.

Llegados a este punto, es un proceso en el que el individuo se aleja y aisla, no se siente cómodo porque nadie le acompaña en esa acción natural como es comer y además, tiene que observar como lo que le rodea no le incita a tener una comida agradable con un buen ambiente. En este caso, es donde realizamos la acción, y queremos incidir.

En un primer plano, se encontraba el enfrentamiento entre el mundo real, con lo que sucede en ese comedor, y el mundo interior, con lo que el individuo siente, aquí, es donde entraba el uso de la venda, un forma sencilla de abstraerse de esa situación de alguna manera, al menos visualmente, y con algo de concentración, llegar a ese lugar de paz interior que la persona buscaría para comer y evitar esa soledad que le rodeaba en un principio.

La persona, no llegaría a ahuyentar toda esa vivencia, a no ser que fuera acompañado por el resto de personas o se encontrara completamente solo en una habitación, ya que debería de estar completamente concentrado en la acción que le ocupa, y saborear, disfrutar y alcanzar ese placer comiendo que antes no conseguía, llegar al éxtasis.

Si en lugar de cegar los ojos del sujeto, se oscurecía todo el espacio, se consigue que todo se preste a que se de esa situación de búsqueda interior, de placer. Todo ese ambiente, esta destinado a alejar del sujeto todo lo prescindible, todo aquello que no le importe, que no le sea necesario para cumplir con la necesidad de comer. Y, dentro de este ambiente oscuro y sombrío, aparecerá una chispa de luz, algo que hará destacar, y dar importancia a cualquier cosa que quede iluminada. Será el canalizador del placer, lo que haga abramos nuestra mente a esas nuevas sensaciones, sabores, texturas, sonidos, vistas, olores que lleven nuestros sentidos más allá, que se descubran cosas que se pensaban que no estaban, o no existían, que se piense en comer, de otra manera, como si nada más tuviera importancia y se disfrutara cada momento, cada bocado

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